2006
domingo, 28 de julio de 2024
Tuve un novio que era vato loco, pocos pero bien locos, decía. Me hizo ver Sangre por sangre y comer pollo kentoqui con su mamá en Navidad. Nos metíamos a su cuarto y ella decía: qué bueno que se durmieron un rato. Una vez me regaló algo muy bonito -para él-, se trataba de una foto suya con su clica alrededor, eran envases de caguama, hombres y mujeres con ropa holgada haciendo VL en la fachada de alguna casa en obra negra. La historia de cada integrante era parte del obsequio. Él ya mero acababa la prepa, pero pese a su futuro radiante lo terminé porque cada rato quería que sus amigos me pusieran pruebas de lealtad y que usara skinny jeans. Él se volvió un gerente de Mc Donald's tatuado. Yo sigo siendo un depósito de historias.
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