Tengo pocas cosas, o eso intento. Al menos, no tener sin usar, y si no se usa, desprenderme. No siempre puedo, pero por varios años vivĂ con una pareja de cada especie, por si el diluvio traĂa un náufrago a mi guarida: dos tazas, dos cucharas, dos platos, dos bancos, dos cobijas, dos plazas en un sofá. No sĂ© si eso habla de tacañerĂa, tendencia compulsiva a la simetrĂa, minimalismo, consciencia del consumo, crisis de vivienda o aislamiento social, pero conozco su origen. Primero, crecer con lo exacto, lo indispensable. Luego, el ritual: una casa distinta cada año. Nunca he enterrado a nadie que ame, pero en cada mudanza me he vuelto embalsamadora de mĂ misma: envuelvo tazas en trapos, desecho baratijas, separo las cosas irreparables de las prometedoras y en ellas me reconozco como, imagino, se reconoce un cuerpo inerte: sĂ soy, o sĂ fui. Voy encajonando mi historia que cada vez pesa más, ocupa camionetas más grandes y precisa más dĂas para continuar en otra parte. AsĂ, frente a un objeto que podrĂa comprar, coloco deseo y necesidad en medio de un para quĂ© y un para quiĂ©n: ¿es durable?, ¿servirá a otras?, ¿se degrada?, ¿será una carga más para mĂ o algo que tendrĂ© abandonar para que se encarguen las calles o el planeta? Quiero dejar un mĂnimo de trabajo para aquella, seguramente aquella, que cuando yo ya no estĂ© para hacerme cargo de lo que adquirĂ, afrontará este campamento sin la espalda de su ave errante dueña.
miércoles, 11 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Ave errante
Tengo pocas cosas, o eso intento. Al menos, no tener sin usar, y si no se usa, desprenderme. No siempre puedo, pero por varios años vivà con...
-
Debajo de mi cama vive un telĂ©fono fijo que nunca habĂa timbrado. Hoy lo escucho por primera vez, sĂ© que no me llaman a mĂ porque rento este...
-
Tengo pocas cosas, o eso intento. Al menos, no tener sin usar, y si no se usa, desprenderme. No siempre puedo, pero por varios años vivà con...
-
La segunda casa estaba en la Mártires de Chicago. El nombre de la colonia me parecĂa disonante, no podĂa imaginar mártires gringos. Esa temp...