"Quiero mimos", me escribiste un jueves. Enojada con tu heterosexualidad, pues al ser yo mujer no me dejabas mimarte, te respondí: "dátelos tú. No necesitas un hombre". "Me siento sola", te dije un sábado, tu escribiste: "cuéntale a tus quitapenas". Una noche me despertó una sed insoportable de ser abrazada, hubiera aceptado un abrazo de cualquiera, tuyo, de un hombre, del cuerpo de rescate, de los testigos de Jehová, no mío. Me sentí sola otra vez y deseé que me dijeras "estoy aquí", pero la amistad había terminado. Dudo que amarse a una misma sea posible sin recibir alguna vez un gramo de amor de las otras. Nadie se basta a sí misma, ni tendría por qué.
Diciembre 2023
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