viernes, 29 de noviembre de 2024
Tercera casa
Calle San Luis Potosí antes Maravillas. Más subidas que bajadas, todas llenas de abundante flora urbana: floripondios, árboles, pasto largo. Planta baja de un salón de fiestas. La vida en esa casa comienza a quedar atrás. Escribo describo acerca de ésta apenas a cuatro años Tierra de distancia, no estoy segura ya de quién era, como cuando tienes trece años y tus nueve te parecen haber sucedido en otra era. Esta casa es 40% ventanas, mitad sol, mitad sótano. Excelente vista: un enorme terreno arbolado descendiente mientras se cocina o se lavan los platos, la neblina, polillas. Una puerta que sale a un bodegón sucio en donde la familia que nos renta abandonó sus recuerdos: triciclos viejos, cajas con fotografías debajo de escombro, pedazos de madera húmeda, invitaciones a bautizos de 1994. No sirve el boiler, pero no lo necesitamos, nos bañamos con agua fría en enero porque somos las más rudas del barrio: yo solita puedo, a mí nadie me ayudó con la tarea, me salí bien chica de mis casa, foráneas de 30 a 40 años, clase trabajadora, madres solteras de 17 plantas y cuatro gatos. Conato de incendio en el baño, reuniones casi clandestinas en nuestro piso y en el de arriba en un vigente confinamiento, fiesta de exposiciones, antidepresivos, colchón prestado, sofá solidario. Se van empolvando miedos y aparecen otros. Ahora cierro temprano la rejita cuando antes viví un año sin cerradura en la puerta. A cuatro años de la casa Maravillas me doy cuenta que me convierto en el barrio donde vivo (y he vivido en muchos).
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